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El perro flaco

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    Es tanta la presión que viene sufriendo el Real Madrid que aunque sólo sea por solidaridad con el perro flaco, al que según refrán, todo son pulgas, da penica hacer crítica por más que sea constructiva. La realidad, es que este año no está siendo bueno para el Real Madrid. Pocos presumían visto el pasado que la transición en este sería tan mediocre. Yo mismo pronosticaba una bajada de pistón. Un récord es un récord. Usain Bolt no bate en todas las carreras el tiempo de los 100. No habría tanta hambre ni necesidad de demostrar qué a nadie. La marca de los 100 puntos en definitiva serviría, bien utilizada, para rebajar la urgencia y la tensión alrededor del equipo. Nada más lejos de la realidad.

     

    La diosa Fortuna este año se ha propuesto hacer una tragicomedia con nuestro devenir. Como muestra un botón. Apto para chiste de tartamudos. Esto va Casillas y es suplente ante el Málaga porque está en peor forma que Adán (risas enlatadas) quién presumiendo de agilidad se come 3 chicharros antes de Navidad. Adán repite titularidad contra la Real con penalti y expulsión en el minuto 2 (más risas). El toque de atención funciona y Casillas empieza a parar. Cuando parece que se zanja el debate, contra el Valencia, en el primer corner va a por uvas, el segundo a por naranjas, y en el tercero ni uvas, ni naranjas, ni limones, detiene el despeje del compañero y cae KO por 3 meses (risas histéricas). Se rescata a Diego López y se consigue perder un partido sin recibir un tiro a puerta. Para reír y llorar.

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    Este año Mourinho, Manager General, terror de los niños y entrenador del primer equipo – por tanto responsable del estado de forma-, no ha logrado la puesta a punto de muchos de los jugadores. Ha habido, cierto es, lesiones fortuitas no imputables al pérfido lusitano. Alguna recurrente en el mismo puesto. Como la del pie de Marcelo y las delicadas fibras de Coentrao, al que le faltaban All Bran y le sobraban Marlboros. Pasas revista y no son pocos los jugadores que han bajado prestaciones son mera sombra y lejano recuerdo de aquellos que vislumbrásemos. Di Maria encarna muchos de los males. Sin estar en baja forma, sigue pareciendo que le falta un plato de garbanzos y corriendo como si le persiguiese la mafia. Pero psicológicamente no encuentra tino. Los gambeteos no descuajaringan caderas rivales como antaño y no sólo no desborda, sino que además elige mal. Los extremos, se dice, se sabe cuando van a tener mal día. Su puesto es confianza y fe. Si les sale el primer regate, el lateral tendrá pesadillas. Si no, desaparecerán como erecciones matutinas solitarias entre lágrimas de la ducha. Di Maria es gambitero atípico. Por más que no tenga el día, se le puede apuntar en sus virtudes, separadas de los defectos por una tortuosa y fina línea, que sigue intentándolo y pidiéndola, y probando de nuevo. Así, este año el rosarino ha desquiciado a propios, extraños y acérrimos. Se la quita con su otra pierna, regatea a compañeros y se choca con rivales, los controles le salen largos, los tiros torcidos y los pases los intenta (del verbo intentar y no salir) a cual más complicado y rocambolesco que terminan en pérdida y contraataque. Y claro, si no desciende la erección y tampoco se culmina, se termina con un inevitable dolor de huevos. No es el único. Marcelo de natural robusto, con todo el eufemismo y la ironía que carga la expresión, está a un paso de poder unirse al reality que protagonizó su compatriota Ronaldo. Culpemos a la lesión. Son estos dos zurdos (Di Maria y Marcelo) de los que más atenazan el juego del Real Madrid, por ser los únicos con capacidad genuina para el desborde en el uno contra uno. Vital en el esquema el poder superar líneas de presión con el balón controlado y esencial en partidos cerrados.

    Tampoco obtienen nota más halagüeña el resto de los integrantes. Kaká que ni se va, ni está, ni se le espera. Callejón, quién saliendo desde el banquillo rendía con ratio de goles por minuto prodigioso ha demostrado que una cosa es ser buen suplente y otra distinta decente titular. Incluso se han retorcido gente presumiblemente de la cuerda de Mou, y me apoyo en la zamba muleta de la prensa pues aquí no tengo información. Como Pepe, quién prefirió tomar las uvas a gusto, sin la pata en alto, retrasando una intervención necesaria. Actitud intolerable y redundantemente egoísta al estilo Higuaín, Kaká, etc… y que el club siguen sin enmendar. De los campeones de Europa y del Mundo, Captain aparte, esperaba que llegasen con la correspondiente mengua tras competición de selecciones y cansancio acumulado, con Arbeloa de ejemplo. Es palmaria pues la mala forma de manera generalizada de la plantilla.

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    No me olvido. Ni perdono. De entre todos ellos, la merma más evidente y perjudicial en los delanteros. La falta de acierto cara a gol nos está lastrando. Los guarismos, en ningún puesto como delantero y portero tan elocuentes. En el año de Pellegrini, Cristiano marco 33 goles, Higuain 29 y Benzema 9, en total 71 goles. En el año 1 d.Mou., Cristiano marco 53, Higuaín 13 (hernia mediante) y Benzema 26 haciendo un total de 92 goles. En el 2º año d.M. y el año de la marca, Cristiano hizo 60 goles, Higuain 26 y Benzema 32, en total 118. Este año el único que mantiene el tesón goleador es Cristiano Ronaldo con 33 dianas. Higuaín, mitad del tiempo herido mitad rollizo, con 9 goles y Benzema, la mayor parte del tiempo melancólico, con 12 muescas, han acertado con el arco rival en 8 ocasiones menos cada uno. 16 goles que podrían haber sido otros tantos puntos. Teorizó en su defensa, que quizás de mantener el equipo el tono en general no sé hubiese producido tanto bajón al estar mejor surtidos. La hipótesis no cuaja, pues Cristiano las enchufa de todos los colores. Aunque el luso no es marchamo para medir a nadie. Es de los que rompen guiones. Sin la colaboración de los anteriores, la del 7 en muchos partidos es vital y decisiva como en otros solitaria e insuficiente. Depender únicamente de registros goleadores de tu estrella gustará mucho por ciudad condal, pero a mi me angustia. Sobre todo cuando llegan los momentos cruciales. Tan palpable es esta situación que me sugerían que habría que plantearse cambiar táctica de irles alternando 60 minutos a cada uno visto que en ésta no pita. Elegir. Eterno dilema.

    La experiencia demuestra que ninguno de los dos es 9 de referencia para el Real Madrid. Siquiera el año pasado cuando andaban precisos. Uno no es delantero centro, y el otro no lo es para el Real Madrid, desbordado por la calidad que le rodea. Benzema cuando se empeña en jugar se olvida de donde está el arco. A la inversa que Higuaín, que de tanto pensar en la portería se olvida que tiene que jugar y de lo que le rodea. Higuaín además, es un jugador mucho más estadístico. Menos dotado técnicamente que el francés, si no marca su aportación es inane. Su cualidad, la terquedad, la incansable búsqueda de la portería, abre espacios para el compañero y crea ocasiones por insistencia y fe, más que por calidad. Higuaín se encuentra las ocasiones más que las crea. Él más que nadie ha notado que di Maria no le abastezca de asistencias. Benzema, sin embargo, es un jugador más intangible. Puede hacer un partido técnicamente tan magistral como irrelevante. Flotando entre defensas, oxigenando, recibiendo, combinando de frente o al costado, jugueteando entre decenas de espinilleras, tacos y briznas de hierba y todo ello sin mirar a puerta ni dar una asistencia.  ¿Por quién optar? Higuaín tiene más gol y Benzema más fútbol. Benzema concentrado, ágil y felino ha demostrado que en los hitos rinde mejor que su competencia. Higuaín ha ido derrumbando tantas y tantas puertas que se ha quedado sin fuelle en la última. No consigue espantar el último fantasma, aquel que dice que no es decisivo en Europa, que falla cuando el momento de la verdad acecha. Por idiosincrasia, tampoco ideo otra táctica que la empleada por Mourinho. Benzema necesita ser titular, que le azucen y sentirse perseguido o entra en modo nostálgico y olvida la apetencia por jugar e Higuaín minutos  o se vuelve lento, culón y torpe. Si Higuaín no encuentra su mejor versión, no es capaz de espolear a Benzema. El pez que se muerde la cola. A la vista de los hechos, sin ser tampoco una decantación evidente, parece que Mou ha optado por el galo pues la táctica empleada le beneficia más que al argentino.

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    Mourinho debe ser capaz de motivarles y ponerles en órbita a Higuaín, Benzema, y sobre todo a Di Maria, en estas dos semanas que tienen en esos entrenamientos con público en los que se ha convertido la Liga. Lo primero porque no deja de ser su responsabilidad. Seguidamente porque de conseguirlo aumentarán exponencialmente las probabilidades de éxito. De ello depende el balance de la temporada. No solo en las espaldas del técnico recae la responsabilidad. Los jugadores también deben entender que se la juegan. Algo no difícil cuando se huelen las mieles del éxito. Son apenas unas gotas de sudor extra en cada entreno, un gramo al día ganado a la báscula, Marcelo, y un centímetro más o menos lo que definirá el ser o no ser. Debiendo exigirse esa micra de esfuerzo y de voluntad.

     

    En competición de élite no hay interruptores mágicos que permitan enchufarse y desenchufarse. Capello decía que “se juega como se entrena”. De cosecha propia añado que se juega como se entrena y como se viene jugando. No es posible mejorar espectacularmente de juego a voluntad. El interruptor, dada la enorme diferencia de puntos con el primero, es propenso a apagarse en Liga. Cuando quieren, con mejor actitud, más intensidad y concentración se palían errores, pero no se arreglan averías. Otros muchos avatares del juego no dependen del querer, sino del estar. De la precisión, de la finura, de la confianza, de los estados de ánimo. Introduzco el calzador para acordarme de la labor arbitral. 11 partidos de 2013 y 8 expulsiones han impedido al Real Madrid ensayar y encontrar esa tendencia positiva en el juego obligando al sobreesfuerzo. Entre los partidos que no se han querido jugar (Granada) y los que no nos han dejado, llega el momento decisivo de la temporada y el Real Madrid se recupera a marchas forzadas. Las dos últimas eliminatorias saldadas con empate a uno dejan sensaciones agridulces. Por un lado, la sensación de que los jugadores unánimemente quieren. Por otro, que aún les falta esa minúscula distancia para poder. En definitiva, esos resultados no cerrados invitan a la duda de si así será suficiente.

    Me parece ventajista a estas alturas pero hay que citarlo. Poco hubiera importado la baja forma si se hubieran fichado nuevos jugadores cuando se debía. En el vacilante equilibrio de egos del vestuario es necesaria la savia nueva. Si en establo ganador no entran nuevas yeguas, las que están terminan por renquear. Revolcarse en el barro del éxito solo provoca un estiércol de autocomplacencia. La calidad media de la plantilla y del fondo de armario no es tan alta como me gustaría. A principio todos reclamábamos un mínimo de 4 futbolistas: lateral, centrocampista, extremo y delantero. Estamos mal acostumbrados. Vivimos del recuerdo galáctico en el que cada año nos regalaba el caballo ganador del hipódromo vecino. El exceso tampoco fue bueno, tanta yegua y tan poco mozo, terminamos con la caballeriza llena de mierda. Solo Modric para suplir la salida de Sahin, la cuesta de enero del Tolosarra o las desconexiones de Mesut. Demasiado para tan poco. Empero el croata sigue aprendiendo automatismos y asumiendo responsabilidades defensivas de las que siempre se le había eximido. Con todo, no termina de auparse de manera categórica a la titularidad. Además, se fue Lass, dando portazo y puñalada, pasmándonos pese a que venía avisando cada mes impar que su imbecilidad no encontraba fronteras en el club, por Essien, providencial e improvisadamente. Como parche de última hora. Y otra de remiendos en enero, Diego López tras la lesión del titular. Portero de primera, sí. Más de la escuela de porteros del Madrid y, por descontado, con los mismos defectos. Más preciso en el balón en largo jugado con el pie, pues pasa del centro del campo, pero medroso en el corto y apocado en los balones aéreos. Más centímetros aseguran más tranquilidad por arriba, pero nunca fue valiente en sus salidas ni dominador del área. Operación positiva por agilidad de cintura y premura de movimientos. Es seguro, se coloca bien e intimida en los corners. Con tan poco, casi lo mínimo exigible a un portero, por incomparecencia del anterior, nos damos por satisfechos. El balance es que Mou sigue con el mismo 11 del 5-0 en el Camp Nou y se han fichado jugadores más para sustituir que jugadores para incluir en el once. Uno mira al banquillo con un sentimiento de desamparo al verse colar en la convocatoria de otra eliminatoria a Kaká. Mirar el banquillo es tan desolador como una carta de Hacienda. Ni un rescate, ni una alternativa, ni un revulsivo. La nada más absoluta. Conviene recordarlo para abrir las ventanas a final de temporada, cualquiera sea el saldo. Y oxigenar.

     

    De entre tanta negatividad rescato ánimos para el optimismo. Asistimos al nacimiento de la estrella de Varane, tan sólido y sobrio en propia como estilete en contraria. Además, la Mannschaft nos sostiene. Conocido es el dicho de Lineker. Özil está en estado óptimo de forma con sus conducciones danzarinas que son delicia para el voyeur. Y mi debilidad, Khedira, que es como ese frigorífico al que cada año le aparecen más cosas pegadas (no es mío el copyright). Solo necesita que Ronaldo le preste alguna de sus pares de botas. Pues se intuye que lo único que le apremia es mejorar su olfato de cara a puerta para convertirse en un colosal centrocampista. Como visita inesperada y providencial, Coentrao, que alternaba la discoteca con la camilla ora de la enfermería ora del psicólogo, en los últimos tiempos parece recuperada su fragilidad física y mental. Ante el estado de Marcelo, crucemos los dedos. Le negarán el pan y la sal por ser portugués. Porque no sepan pronunciar su apellido. Y por venir de la cuadra Mendes. El hecho es que el teñido justifica su coste en partidos de máxima exigencia. Aquellos en los que al hombre cangrejo se le puede apuntar algún que otro borrón. Y como no, Cristiano, el Bicho. Ese animal al que los goles se le caen de los bolsillos. Con tanta voracidad que no ceja hasta que él solo gana el partido. Que dicen, se encuentra en el momento más dulce de su carrera.

     

    Sin ser el pitbull de la temporada pasada, entre tantas dentelladas causadas por peleas ilegales, y tanta carnaza de los boletines diarios, están rabiosos y por albur del destino, se están desparasitando a toda prisa de piojos, pulgas y topos. Espadas en todo lo alto y todo por decidir. Con confianza ciega en este equipo que sabe competir. Cuando le dejan.

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